Al igual que no hay noche sin día, no existe la alegría sin la tristeza, ni la cobardía sin la valentía. Ni siquiera el frío si no hay calor. No hay salida si no hay entrada. Ni un abajo sin arriba. Tampoco existe la necesidad sin amabilidad, ni el placer sin el sufrimiento. Y es que no existe la luz si no hay sombra; y cuando, finalmente, comprendemos que cuanta más luz hay en nosotros, más intensa es nuestra sombra, mejor entendemos la dinámica tan perfecta, contundente y delicada que une y relaciona nuestra fuerza a nuestra debilidad. Todo está, todo coexiste, todo está intrínseco en nosotros. Simplemente es un tira y afloja, un vaivén, un equilibrio de opuestos. Este post lo dedico, en especial, a aquellos que hoy ven sombra más que luz, a aquellas personas que se sienten atrapadas sin saber por dónde seguir su camino: la clave está en volver a nosotros mismos, retrocediendo hasta aquella esencia con la que nacimos y que recubrimos constantemente con esas capas de pintu...